top of page
Cage

Pese a que el jardín no tenía sol o luna que reflejara el paso del tiempo, Eric abrió lentamente los ojos y se estiró como si la luz del sol atravesando la cortina de su habitación le hubiese despertado.

 

Con un pensamiento su pijama celeste con estrellas blancas fue reemplazado por una suave camisa blanca y un par de pantalones del mismo color que su cabello y los cappuccinos que a su padre tanto le gustaba beber. Con otro la cama algo revuelta durante su descanso estuvo perfectamente ordenada.

 

Dirigiéndose al baño, observo su reflejo despeinado y soltó una risa.

 

Debía al menos peinarse un poco antes de comenzar a hacer el desayuno, ¿verdad?

 

Buenos días, Eric…

 

Como siempre, el segundo en despertar siempre era Anemone. Su cabello negro, sin rastros de gris en sus raíces como en el pasado, a diferencia del suyo se mantenía bien peinado incluso si intentaban despeinarlo a propósito.

 

Buenos días, An~

 

Al menor siempre le costaba despertar un poco más que al resto, así que no era de extrañar que frotara sus ojos después de tomar asiento en la mesa del comedor.

 

Con la puerta de la cocina abierta, Eric podía ir dándole vistazos al niño entre plato y plato de comida. A diferencia de las primeras semanas en las que estos solo aparecían ya listos gracias a la magia, ahora cada tostada era preparada como habría hecho antes.

 

El sabor no cambiaba sin importar el método que usara, pero a Eric le gustaba cocinar y sus hermanos nunca lo apresuraban incluso si tardaba un poco más a veces decorando los helados que se habían vuelto parte de la rutina habitual.

 

¡Y aquí está la campeona de Othello!

 

¿Sigues con eso?

 

¡Eres un mal perdedor, An~!

 

Buenos días, Poppy~

 

Animada como siempre, la chica casi voló en el aire hasta su asiento. Por suerte las sillas de madera del comedor ahora eran mucho más resistentes que antes. ¿Siquiera era posible romperlas? Ninguno lo había intentado todavía.

 

Fue solo una partida en la que me distraje…

 

¡Y por eso ahora soy la campeona, porque le gané al campeón!

 

Si jugáramos de nuevo-

 

¡Ni hablar! ¡Me quedaré con este título para siempre!

 

Para siempre es un tiempo muy largo...

 

¿Ah, ya despertaste?

 

Justo cuando traía un plato en cada mano a la mesa del comedor, Lotus apareció desde la puerta que alguna vez había sido de la habitación de su padre.

 

Déjame traer el resto.

 

¡Sabes que no es necesario~!

 

Tú cocinaste, es justo que haga algo.

 

Sin encontrar palabras para negarse a eso, Eric suspiró y tomó asiento después de dejar los dos primeros platos frente a sus hermanos menores. Lotus no tardó en volver con los otros dos de ambos e imitarlo para empezar a desayunar.

 

Si jugáramos con tiempo sería campeona de todo…

 

No me gusta jugar con tiempo.

 

Porque siempre que jugamos así pierdes~

 

¡No es justo si no me das tiempo para pensar!

 

Escuchando a los menores discutir entre bocado y bocado, Eric no pudo evitar sonreír al ver que el cabello completamente despeinado de su hermano mayor se negaba a arreglarse.

 

Más largo que el suyo, rosa y suave al tacto, el contraste perfecto de sus ojos verdes que tan lejanos parecían a veces en ese rostro siempre inexpresivo.

 

Oye, Lotus.

 

¿Mmh?

 

Ese sonido que él mismo también hacia y que sin embargo sonaba tan diferente al venir del mayor siempre lograba hacerlo reír.

 

¿No te gustaría jugar algún día de estos con nosotros también?

 

Creo que… todavía no es el momento. Perdón.

 

Oh… ¡Está bien, no te preocupes!

 

Tenerlo ahí con ellos aunque fuera solo observando era suficiente, y Eric se aseguró de demostrarlo tomando la mano más cercana del mayor sin titubear.

 

Gracias por estar con nosotros, Lotus.

 

Aunque esos ojos todavía parecían incapaces de verlo, su hermano mayor sonrío.

 

Eres demasiado cálido.

 

Eso es bueno, ¿no~?

 

… Sí, supongo que sí.

 

Y las palabras de Lotus sonaban sinceras, así que Eric no tenía motivos para dudar de ellas. Aunque no pudiera entenderlo de la misma forma que a sus hermanos menores, confiaba en él.

 

Una vez que el desayuno terminó, Anemone y Poppy se encargaron de lavar los platos como siempre y Lotus regresó a su habitación. Eric no necesitaba seguirlo para saber que estaría inmóvil en su cama como siempre, con sus ojos cerrados como si estuviese dormido.

 

Soñando con esa persona, soñando que estaba lejos, muy lejos de aquí.

 

Gracias a la ayuda del dios del jardín y la magia de su nuevo hogar lograron que la figura sin rostro que Eric vio ese día tras la barrera volviera a tener el rostro con el que recordaba haberlo conocido. Una vez que este pudo estar frente un espejo, poco a poco comenzó a mejorar.

 

Anemone y Poppy estaban nerviosos a su alrededor al comienzo, en especial cuando la barrera que reprimía la “distorsión del núcleo de su sistema” (en palabras del dios) se debilitaba y el falso contenedor que Eric había fabricado se rompía.

 

Está bien, Lotus…

 

Ese no es mi nombre…

 

El nombre no es lo que importa.

 

Siempre serás nuestro hermano mayor.

 

Siempre vamos a amarte.

Queremos que estés aquí con nosotros.

 

Aprender lo que Lotus necesitaba escuchar para calmarse fue fácil, en especial cuando con cada episodio de crisis Eric sentía que lo entendía más.

 

Sus pensamientos, sus deseos…

 

Eden siempre estaba ahí, pero si quitaba su nombre del medio incluso Eric podía darle lo que quería.

 

Incluso si su amor era diferente, seguía siendo amor.

 

Una vez que Lotus lo comprendió, todo fue más fácil.

 

¡Vamos a jugar Mario Kart!

 

Me gusta más el Mario Party…

 

¡No seas aguafiestas!

 

Las visitas del dios también ayudaron en ese aspecto: aunque en teoría no fueran más que para confirmar el estado de Lotus, poco a poco comenzó a traer regalos.

 

“De seguro los encontraran entretenidos, pruébenlos.” dijo.

 

Su padre les había comprado algunos juguetes, también videojuegos, pero todo lo que el dios traía no se parecía en nada a sus replicas en ese plano. Las imágenes en la televisión podían ser controladas con la magia, es verdad, pero hacerlo con un mando era hasta ese momento imposible para ellos. Que las historias fuesen nuevas, algo que ninguno de ellos pensaba, y poder jugar juntos con un ganador al final en algunos hacia las cosas mil veces más divertidas.

 

Una vez que se acabaron, Poppy fue la que pidió más en la siguiente visita del dios.

 

Como habiéndolo esperado, el dios pareció sonreír. Así comenzó una colección con la cual nunca podían aburrirse. Eventualmente además de los videojuegos el dios comenzó a traer libros, música, películas y programas de televisión.

 

Algunos mostraban cosas a las cuales estaban acostumbrados, otros les enseñaban sobre épocas, planos y mundos en los que nunca estuvieron y jamás podrían estar.

 

Mientras ellos aprendían y jugaban, Lotus acostumbraba a pasar la mayor parte de su tiempo soñando.

 

¿Eso está bien?

 

— Es lo mismo que Anemone hace en la televisión, solo que Lotus no lo proyecta para que otro pueda verlo. —

 

Guardándose todo para él mismo, Eric no podía evitar sentir que su hermano se alejaba de ellos aunque al final del día siguiera estando ahí.

 

La primera vez que intentó conectarse con Lotus en este estado, se encontró en un hospital desconocido. Los pasillos eran confusos, las escaleras a veces parecían infinitas, y las puertas llevaban a difusas habitaciones que, aunque similares las unas con las otras, dejaban claro en su interior que tenían dueños diferentes.

 

En una de ellas, luego de mucho buscar, finalmente encontró a su hermano.

 

No hiciste nada malo, así que deja de llorar.

 

Abrazando al recuerdo de esa persona, tenía una sonrisa que nunca había visto dirigida a ellos. Una que no flaqueo ni siquiera cuando sus miradas se encontraron y Lotus lo reconoció.

 

— ¿Necesitas algo, Eric? A Eden le ponen nervioso los extraños.

 

No fue capaz de hacer nada más que negar con la cabeza, su hermano mayor entonces procedió a continuar con lo que antes hacia ignorando por completo su presencia.

 

La segunda vez ocurrió lo mismo, la tercera y la cuarta también.

 

Eventualmente Lotus ni siquiera volteaba a verlo.

 

En sueños más dulces, Eric los encontraba en una habitación que se sentía similar a la de alguno de sus hermanos menores. En sueños más nostálgicos, estaban en una habitación de un hospital distinto al de siempre.

 

Cuando Lotus comenzó a pasar más tiempo con ellos, sus sueños comenzaron a alejarse de estos escenarios habituales. Paisajes de colores antinaturales y aromas difusos, almohadas y caramelos. Playas de cristales transparentes y un océano infinito de un azul claro distinto al de sus ojos…

 

Eric solo observaba los cambios y luego se marchaba para pasar tiempo con sus hermanos menores, dejando a Lotus solo con la persona que sus recuerdos creaban. Una cuyas respuestas siempre eran las mismas, nada más que una sombra de quien el mayor deseaba tanto abrazar.

 

Así cada día, uno tras otro.

 

Las semanas se transformaban en meses, los meses en años, y todo en el interior de su hogar permanecía igual por más que el jardín del exterior se expandiese hasta más allá de los límites que en un principio parecían existir.

 

Su hogar seguía siendo el mismo, pero incluso ellos comenzaron a cambiar.

 

Los cuerpos infantiles de sus hermanos menores crecieron para estar más cerca de su edad, incluso si ambos continuaban siendo más bajos que Eric.

 

Pese a todavía ser ingenua, Poppy se volvió más astuta.

 

Pese a todavía ser alegre, Anemone se volvió más serio.

 

Pese a todavía tener a Eden en ellos, los sueños de Lotus se volvieron más complejos.

 

Did the sea drag you here too?

 

Incluso con una cola larga en lugar de un par de piernas, incluso sin emitir palabra alguna, Eden le sonrió y sostuvo su mano entre el mar y la tierra. A diferencia de los libros de los que Poppy hablaba, en ninguno de los finales de ese sueño Lotus terminaba como espuma de mar.

 

Can you be the dessert tonight, my love?

 

Incluso si el Eden de sus recuerdos crecía y se comportaba diferente, incluso si sus personalidades se volvían difusas y sus historias tomaban rumbos completamente distintos a los originales, todavía estaban juntos.

 

I don't want to let you go…

 

Y quizás eso y las palabras que Eden siempre repetía para él era lo que realmente importaba en esos sueños. Ya fuese en un trono en el inframundo o cualquier otro escenario, siempre que Lotus lo escuchaba sonreía.

 

I love you.

 

Farsas en las que se mantenía inmerso por tanto tiempo solo para volver a ellos una vez que el escenario terminaba. Farsas que nunca serían lo que realmente quiere, pero que eran suficientes para que al menos estuviera con ellos.

 

Un día Eric se encontró a Lotus observando por la ventana de la sala, o eso le pareció a primera vista, pero resultó obvio que su hermano no estaba mirando las plantas y flores de fantasía que crecían en el exterior.

 

Estaba ahí, pero su mente estaba en otro sitio.

 

El sentimiento de frustración que nació de este encuentro fue descrito luego por el dios del jardín como su “primer error de sistema”, pese a que Eric todavía seguía sin entender la mayor parte de cómo eso funcionaba.

 

— Si tus hermanos ya no estuvieran contigo, ¿serías capaz de olvidarlos? —

 

No, pero tampoco me estancaría recordando los tiempos en los que estábamos juntos.

 

— … Esa es una buena respuesta, Erica. —

 

Bajo un árbol de laurel en el jardín, observando a los más pequeños jugar con pintura entre los arbustos y flores, el dios bajó su mirada por primera vez desde que Eric lo conocía.

 

Fue apenas en ese momento en el que se dio cuenta de que ninguno de ellos sabía su nombre, pero antes de poder abrir la boca y preguntarlo el dios ya se había despedido y desaparecido como siempre.

 

Todavía distante, pese a sentirse tan cercano cuando los visitaba y les enseñaba cosas nuevas con infinita paciencia. Lotus, quien se suponía era cercano a ellos, era quien se sentía distante en su lugar.

 

El sentimiento de frustración seguía creciendo día tras día.

 

El tiempo siguió pasando junto a las estaciones artificiales que el dios implementó en su plano por petición de Anemone.

 

En primavera el jardín florecería en todo su esplendor y los colores y perfumes de las flores invadirían por completo su pequeño e inmutable hogar.

 

En verano la temperatura subiría más de lo antes acostumbrado y los días se harían más largos. Entre picnics y tardes de juego con pistolas de agua el dios les visitaría para traer bocadillos que no hubiesen probado antes.

 

¡Ah, este es delicioso!

 

— Está hecho en base a un insecto similar a lo que ustedes conocen como “cucaracha”. —

 

¡̵U̶G̴H̶-̵!̸

 

Probando su punto una vez más, Eric observaría al dios ocultar una sonrisa ante las expresiones de Poppy y a Lotus permanecer en silencio sin probar nada, abstraído una vez más en sus pensamientos pese a estar ahí con ellos. Aunque cada vez que le preguntaba decía que todavía no era el momento, Eric comenzaba a creer que ese momento nunca llegaría realmente para Lotus. Que desde el principio había mentido para que no continuara insistiéndole al respecto.

 

En otoño el jardín se marchitaría en colores más apagados, pero todavía llenos de vida cada vez que alguno salía a caminar por este. Los días de lluvia se convertirían en los favoritos para reunirse en la habitación de alguno y dormir juntos como en los primeros meses.

 

Juntos, excepto que Lotus no estaba ahí sin importar los años que pasaran.

 

En invierno jugarían con la nieve que caería del cielo, blanca como éste pero sin un rastro de la frialdad de la original. Las plantas serían protegidas con barreras invisibles al ojo que con algo de esfuerzo todos aprendieron a colocar con antelación, para que incluso con la nieve cayendo pudiesen ser capaces de ver los capullos de las futuras flores formándose.

 

Y así el tiempo seguiría avanzando.

 

— Aunque sea lento, todos están cambiando. —

 

Bajo el árbol de laurel cuyas hojas verdes habían sido teñidas de blanco, Eric se encontró con el dios a solas como siempre.

 

¿Incluso Lotus?

 

— Sí, aunque todavía ninguno sea capaz de notarlo. —

 

¿Incluso yo?

 

— En especial tú, Erica. —

 

Aunque los ojos del dios no tenían color alguno como siempre, el sentimiento que Eric vislumbró en estos de ninguna forma era malo.

 

Me lo he estado preguntando desde hace un tiempo…

 

— ¿El qué? —

 

¿Cómo deberíamos llamarlo?

 

Si alguna vez le preguntara eso a Lotus, sin duda la respuesta sería el nombre con el que esa persona en sus sueños le llamaba cada vez: Nathan. Quien nunca fue y nunca podrá volver a ser.

 

Si el dios decía que su hermano estaba cambiando, entonces Eric le creería.

 

Algún día, sin importar el tiempo que tardase, Lotus lo dejaría ir y aceptaría quien es para estar por completo ahí con ellos. Esa esperanza era todo lo que necesitaba para hacer desaparecer esos sentimientos que por momentos parecían ser insoportables.

 

— Un nombre, eh… —

 

Y así también, sin importar el tiempo que tardase Eric se prometió lograr que el dios se acercase a ellos, aunque fuese solo un poco.

 

Su pregunta fue el primer paso.

 

Siempre sabe cuando necesitamos algo de usted así que no hemos necesitado llamarlo, pero… No es algo malo saberlo, ¿verdad?

 

— Sí, no es algo malo. —

 

Cerrando sus ojos con suavidad, el dios hizo una pausa antes de voltear la vista al cielo todavía incoloro.

 

— Hauh, así es como todos me llaman. —

 

¿Quiénes son todos?

 

— … Todavía no es tiempo de que aprendan esas cosas. —

 

Casi se sentía como si el dios estuviese bromeando con él, pero en lugar de un puchero lo único que Eric hizo fue sonreír.

 

Solo espero que al señor Hauh no se le olvide.

 

La expresión del dios por primera vez parecía sorprendida al escucharlo.

 

— ¿Señor? —

 

¿Uh? ¿No lo es?

 

— … Buen punto. —

 

¿Eh?

 

— Es solo que no acostumbran a llamarme así… —

 

… ¿Le molesta?

 

— No, solo es inusual. —

 

Y volteando sus ojos oscuros a observarlo, el dios sonrió.

 

— Son más cosas que algún día aprenderás. —

 

Y Eric confiaba en que así sería.

Algún día tanto el dios como Lotus dejarían de sentirse tan lejanos.

Algún día podrán sonreír todos juntos.

 

Algún día, quizás cuando el fin del mundo llegara.

© 2023 by Name of Site. Proudly created with Wix.com

bottom of page